viernes, 18 de noviembre de 2011

LOS "NUEVOS LÍDERES"




Parece que las esperanzas de una salida sobria y tranquila a la crisis que aqueja a la eurozona se han perdido. A poco de los comicios en España, para los cuales se pronostica una victoria de las corrientes de derecha, los gobiernos de Italia y Grecia han caído, en parte por la presión internacional de los diversos actores involucrados (el FMI, los Jefes de Estado de las potencias económicas como Francia y Alemania, los banqueros, etc.) y también, por qué no decirlo, por la incapacidad de los mismos para poder plantear una solución a la actual situación.

Tan solo horas después de la renuncia de Berlusconi y Papandreu, se anuncian nuevos acuerdos parlamentarios para instaurar las cabezas de los nuevos gobiernos: Mario Monti y Lucas Papademos. Estos dos personajes, muy renombrados en el ámbito financiero (en donde ocuparon cargos de gran importancia en las altas esferas), proclamaron a la austeridad económica como su modelo (el “apretón del cinto”) y nombraron un nuevo grupo de jerarcas que, en general, también son economistas o expertos en la materia, todo ello avalado por los mismos que dudaban de una salida sustentable con los “viejos actores”.

Varias preguntas surgen respecto a estos sucesos: ¿Cuáles son las causas que llevaron a que ellos sean los encargados de esta empresa? ¿Cómo es posible que en tiempos de crisis se recurra a figuras tan extrañas a la política cotidiana? ¿Cómo interpretar a estos “nuevos caciques”?

Con respecto a la primer cuestión, claramente la falta de resultados mejores, la ineficiencia y el decaimiento del respaldo político de los gobiernos anteriores, tanto en Italia como en Grecia, son una de las causas principales. Pero debemos ver más allá del árbol: si el mercado hace caer gobiernos, la pregunta es ¿quién controla los mercados? Y la respuesta a esta pregunta nos lleva a concluir que quienes tienen la posibilidad de incidir en él, pueden utilizar este medio para fines políticos. La presión internacional que pudimos contemplar acerca del rumbo de las economías como condición de los préstamos de rescate es un ejemplo clásico sobre dicha cuestión.

En cuanto a la segunda, parece claro que “nadie se quiere quemar” y, por lo tanto, entre los círculos políticos, vemos como pasa la “patata caliente” sin que nadie se quiera hacer cargo más que de acusar a “los culpables” de la crisis. Aunque también, desde otra perspectiva, estos “hombres de negocios” que nunca tuvieron carrera política ni dependieron del agrado de los pueblos para ocupar su lugar, son los “indicados” para el costo político-electoral que genera tener que apelar a la austeridad y a medidas “poco agradables” pero según sus voceros “necesarias para la salida”. Estos “nuevos líderes” de la política representan la cara visible de los tecnócratas, grupo que maneja gran parte de los hilos de la política en el siglo XXI. Con este circo, los que escapan a la vista son los “hombres de atrás”, verdaderos beneficiarios de los intereses defendidos por sus marionetas en el poder, quienes no juegan más que un papel utilitario: los que se ensucian las manos por un buen pago.

Por último, interpretar a estos nuevos “amigos de las naciones” no será tarea fácil y tendremos que utilizar algunos criterios rectores para ello: 1) no son hombres que pretendan quedarse: son inexplicables sin un contexto de crisis. 2) no son hombres de partido: ejecutarán sus planes de gobiernos según los intereses que crean convenientes. 3) no están preocupados por el agrado del pueblo: no llegaron a su cargo por votos sino por un acuerdo político y gobernarán solo para ejecutar el plan. 4) son protegidos de los grandes intereses internacionales por lo que contarán con su respaldo para llevar a cabo sus medidas.

Como conclusiones al respecto podemos afirmar que la política está dando un giro de ciento ochenta grados: mientras que años atrás algunos podían afirmar que ciertos actores representaban a determinados intereses por detrás y otros eran nuestros líderes políticos honestos, hoy podemos ver este espectáculo en el cual la clase política toda está en “peligro de extinción”. Ya no se apela a los grandes líderes, con masas de seguidores y movilizaciones sociales sino que son los tecnócratas quienes están tomando el timón de los asuntos de la res pública.

Los riesgos que representan tanto las causas de la caída de los gobiernos como los nuevos gobiernos mismos son catastróficos para estos tiempos en que cada vez son menos los que tienen más y más los que tienen menos: que la voz de los más necesitados se pierda entreverada en el ruido nuestro de cada día...

miércoles, 28 de septiembre de 2011

EXCLUSIÓN Y CRIMINALIDAD EN LA GLOBALIZACIÓN




 Por Martín Soca Ladereche


Varios son los temas de la agenda política global. 
 En un contexto de crisis, en donde la comunidad internacional está realizando esfuerzos inmensos por dar respuestas a los problemas que se han generado a raíz de ello, quiero detenerme en algunos aspectos colaterales (aunque no menores), consecuencias aparejadas por un modelo insostenible (como ya hemos expresado anteriormente desde este espacio) y que no podemos pasar por alto dada su inconmensurable importancia social. Y con esto, me refiero a la cuestión de la inseguridad, la delincuencia y las políticas gubernamentales que se ensayan o se pretenden llevar a cabo sobre el tema.

Quiero comenzar con algunas consideraciones generales.

El sistema económico actual, regido por las “leyes del mercado”, en donde el hombre es solo un valor más, una mercancía, por lo tanto “avalúa” a los individuos, con lo cual se genera una “clasificación” en la que todos tenemos un lugar. Los que están más arriba poseerán más “prestigio”, serán un “modelo a seguir” y contarán con el respeto de las instituciones de poder, sean del tipo que sea, así como del aval de la sociedad como “pro-hombres”, prototipos del “triunfo” y la “dignidad”. Por otra parte, y en contraposición, los que estén más abajo, en los últimos escalafones, serán los que más deberán pelear para poder “subir”, los menos considerados, los que generalmente serán “mal vistos” o discriminados, modelos de “lo que puedes llegar a convertirte si fracasas” y también de regla serán los que necesitarán del apoyo de un gobierno que los proteja dada su precaria calidad de vida, su casi ínfimo sustento económico, la posibilidad de su reemplazo (dado su “poco valor”) y que por lo tanto generará egresos de las cuentas de los Estados porque deberán gastar de sus ingresos en ellos. A esto se suma la idea de que generalmente son los que menos ingresos generan, menos aportan a las arcas de los Estados y que “encima” deben ser sujeto pasivo de muchos beneficios sociales, verdaderas “concesiones” de los gobiernos hacia ellos para que puedan “dignificar” su vida.

Este es el esquema actual. Todo parece tener lógica. Generalmente los sistemas tienen lógica. El problema no radica en que un sistema tenga o no coherencia. Sino en qué sistema queremos y las consecuencias de cada uno de ellos.
¿Por qué esto es así? ¿Cuáles son las bases del modelo? Para llevar adelante dicha tarea indaguemos quiénes son los “primeros” y quiénes los “últimos”.
Los primeros son aquellos que sencillamente poseen más “valor”. Es decir, los que tienen mayores fortunas. No importa si lo han logrado por medios legales o ilegales, si trabajaron o heredaron, si lo hicieron “con el sudor de su frente” o si sencillamente jugaron con el dinero, como si la vida fuese una ruleta, y les fue bien. Lo que sí importa es que lo lograron: tienen el dinero.
Los últimos son aquellos que o lo perdieron o nunca lo tuvieron. Tampoco importa en este caso si lo poco que tienen lo hacen dignamente, lo trabajan, lo heredan o en fin lo que sea. Solamente trasciende su escasez material monetaria.
Parece ser que tanto tienes, tanto vales. Esto se ha dicho repetidas veces. El problema es analizar las consecuencias sociales de ello. Pero no desde el prestigio, el poder, el “status” social, sino desde una nueva perspectiva: los excluidos.

¿Qué pasa con aquellos que no están en esa “clasificación”? ¿Qué pasa con los que están fuera de la “tabla”? Hay seres humanos que no reúnen siquiera, en muchas ocasiones, los fundamentos básicos para convivir en dicho sistema: educación, familia,  y reglas de convivencia social. Son sujetos que están por fuera de las bases en que se funda este paradigma y que por lo tanto “chocarán”, entrarán en un conflicto con constante con él. ¿Por qué? Porque se rigen por otros códigos, no comprenden cómo se vive en de dicha forma, no creen en las instituciones que se han creado para creer en ellas por todos y por lo tanto no se regirán por las normas sociales preestablecidas. No tienen trabajo, ni educación, ni vivienda (en muchos casos), se drogan, son violentos, no les preocupa su salud, ni su automóvil, ni su cuenta bancaria, ni la hipoteca de su casa: sencillamente carecen de todo ello. ¿Qué es lo que tienen en esa sociedad? Nada. ¿Qué alternativas les ofrece la sociedad como medio de vida? Ninguna.
Si quien nada tiene que perder tiene todo para ganar, de ello a la delincuencia como medio de vida no hay más que un paso. Están regalados. Para que quieren buscar un empleo si nadie los contratará porque o bien  no tienen lo “necesario” para trabajar en lo más mínimo o bien son directamente discriminados y nadie confiaría en ellos.
 Como no hay que puedan perder, como no hay un camino del cual vanagloriarse, el cual proteger, con el cual prosperar, y no ven soluciones para su futuro ¿De qué futuro podemos hablarles? ¿Quién realmente tiene inseguridad? ¿Quién realmente tiene seguridades, certezas? ¿Él? Si no sabe que comerá mañana…o dónde dormirá…
¿Esto quiere decir que hay sujetos con “licencia para matar”? ¿Qué hay víctimas que nunca recibirán respuesta de la justicia? ¡No! Jamás pretenderemos esto. Y quiero recalcarlo ante el resurgir de posturas radical-conservadoras que plantean la cuestión en términos de estar a favor o en contra de los delincuentes. TODOS ESTAMOS EN CONTRA DE LA DELINCUENCIA. Pero hay una doble cuestión que tenemos que verla en estos términos: 1) el problema actual; y 2) el sistema que generamos. En cuanto al primero, debemos hacer nuestros mayores esfuerzos para que la delincuencia se minimice lo más posible. Pero ello sin generar un sistema que criminalice la pobreza y, por sobre todo, que la genere. Por eso es importante la segunda cuestión ya que complementa la primera, haciendo énfasis en la creación constante de desviaciones sociales y sujetos excluidos, que cada vez serán más.
Y esta actual visión sistémica “miope” fue la que llevó a familias enteras a la pobreza, en muchos casos con la consecuencia de condenar a varias generaciones enteras a ello (¿también países o continentes enteros?), aquel que no les dio educación (cuando ni sustento material tenían para sus propias vidas porque esas familias no se lo daban), en el que se crían y viven en un contexto de violencia doméstica, delincuencia, drogadicción, carencias educativas, entre tantas otras cosas, ese mismo sistema es el que luego les exige que busquen otra alternativa, que no delincan, que si hacen tal o cual cosa son esto o aquello. Lo que los empujó cada vez más afuera mismo de la sociedad, a la exclusión, a la discriminación, lo que redujo su ámbito de libertad, coartando con ello su poder de decisión, luego les reclama su “mala educación”, su “castigo”, discrimina sus “formas de vida”, combate una especie de “guerra a las drogas”, los trata de “vagos”, “violadores”, “delincuentes”, etc.

La cuestión entonces, planteada en estos nuevos términos, no es entre las posiciones de “mano dura” y las “pro-delincuente”. La cuestión es entre la demagogia y la política en serio. No podemos construir sistemas ni soluciones teniendo como base premisas falsas o interesadas, que miran un problema complejo desde una arista, un “pequeño rinconcito” (el castigo a los criminales), de algo que tiene muchos elementos a tomar en cuenta y que no puede simplificarse de tal manera.
El cometido de nuestros días será entonces modificar la realidad actual desde una doble perspectiva: acabar con la delincuencia pero ello  considerando también el modelo que generamos, tendiente a la reproducción de pobreza y criminalidad.
Nadie está queriendo decir con esto que no pague el que delinquió porque hay en juego vidas humanas e intereses valederos que defender puesto que muchos no tienen riqueza e igualmente se ganan la vida todos los días dignamente sin recurrir al delito. Y ellos sufren también la delincuencia (no sólo los ricos). De hecho, en general son los que más la sufren.

Por todo lo que hemos expuesto, para intentar resolver el problema de la actualidad deberíamos apostar a invertir en la profundización de un mejor sistema carcelario: más y mejores cárceles. Con tan sólo eso, y manteniendo una eficacia relativa en los cuerpos policiales y sus cometidos, podemos mejorar mucho en la cuestión, sobre todo en la urgencia social de inseguridad y la crisis humanitaria que hay en las cárceles, verdaderos “depósitos” de “gentes”, donde se hace un postgrado en delincuencia y se alimenta el odio hacia el sistema. Pero ¿Quién invertirá dinero en “delincuentes”?

Muy probablemente los más conservadores, de aprobarse una inversión de este tipo, dirán que se privilegia los intereses de los criminales antes que en “los ciudadanos de bien”. Lo que no reflexionan es que esos mismos son los que sufrirán la delincuencia de no mejorar la situación en materia de reclusión de criminales. Otros dirán que es preferible no gastar ese dinero y en cambio bajar los impuestos, prioritario para el “desarrollo económico” y la “competitividad”. Lo que tampoco se analiza aquí es que ese mínimo ahorro será indiferente en comparación a las vidas que se cobre el delito, la violencia social que se genera y por qué no el dinero que comerciantes y ciudadanos perderán merced los robos y rapiñas, modalidad muy común del robo en estos días.  Tampoco se dice que en líneas generales los que más se beneficiarán de esa rebaja impositiva son los que más tienen y por eso más pagan (o por lo menos en teoría…). Por último, otros dirán que sencillamente no hay dinero para ello.

Yo estoy convencido que el sistema carcelario de hoy es nuestro principal enemigo. En la actualidad, los delincuentes son arrestados por la policía, van a las cárceles y se les establece una pena. Pero todo ello es en vano si cuando ingresan al sistema carcelario pueden drogarse, aprender de los otros (o cobrarse “revanchas”), si se fugan como perico por su casa, si no hay condiciones mínimas de humanidad para una rehabilitación, que es la principal finalidad de un recinto carcelario (aunque actualmente todo atente contra ello). En conclusión, con el panorama actual hay muchas flaquezas en cuanto a la efectividad de las penas (reclusión carcelaria) y además “salen peor”, odiando al esquema social que los recluyó, generando aún más violencia cuando vuelven (porque el sistema carcelario es malo y se pueden fugar) y, encima de todo, reproduce pobreza y criminalidad.
Y en cuanto al problema de la perspectiva futura y el modelo que queremos, como hemos visto, ya se ha probado una gran lista de métodos de represión del delito como la “mano dura”, “tolerancia cero”, “militarización de la seguridad” y así tantas otras fórmulas que sólo atacan al delito como consecuencia de un fenómeno social.
Lo que nunca se ha llevado a la práctica es un modelo de sociedad con oportunidades de educación para todos, integral e integrador, con posibilidades económicas equitativas pero por sobre todas las cosas: una sociedad con un futuro visible y posible para cada uno.
Sin educación, sin la posibilidad real de prosperar en el decurso de los años, entendido ello en un sentido humanista de oportunidades de desarrollo de la personalidad en todas sus manifestaciones (social, cultural, económica, etc.) y no como un “sendero al dinero” (en donde, por lo tanto también habrán “senderos a la miseria”), sólo así podrán los individuos tener esperanzas sobre el devenir y no resignarán la tarea diaria de forjar su propio destino ante la impotencia de no progresar.
Porque es hoy, y no mañana, que debemos plantearnos realmente que es lo que estamos haciendo mal para que en el mundo hayan tantos con tan poco, que no puedan concebir otra realidad, que no crean en un mundo de porvenir, mientras otros gozan de los privilegios de la evolución de la humanidad.
En un mundo globalizado, en el cual con un simple “click” podemos hacer una infinidad de cosas, ver por imágenes satelitales las diferentes ciudades del mundo, la vista nocturna de París o las luces fluorescentes de las marquesinas de Las Vegas, deberíamos también contemplar que con ese mismo “click” podríamos ver a un niño llorando de hambre en África, miles de pobres a lo largo y ancho de Asia, algún vagabundo mendigando detrás de Louvre o quizás un hurgador revolviendo la basura detrás de los casinos.

jueves, 13 de enero de 2011

ESPEJISMOS PARA EL VIAJERO...


Ha quedado atrás el 2010 y muchas son las reflexiones que podemos extraer de todo lo acontecido. Sobre todo, porque ha sido un año con consecuencias diferentes en diversos campos de nuestra vida.

Uruguay ha confirmado su “bonanza” económica. En este sentido, toda América crece tanto como nunca quizás en la historia y a pasos agigantados. Podemos decir que en el ámbito estrictamente económico (por oposición al político, social y cultural) hemos tenido un gran cierre de año. Los indicadores demuestran exportaciones en sus niveles más altos, una tasa de desempleo en su mínimo histórico, inversiones nacionales (impulsadas por el consumo interno) tanto como extranjeras (caso Botnia-UPM, Stora Enzo, Aratirí, etc.) que crecen y se proyectan en un futuro que parece tentador para el capital internacional.

Pero no todo es color de rosas…la teoría económica ha profundizado en la idea de que el <> es diferente al <>. Y es en este sentido en donde debemos tener mucho cuidado y sobre todo un plan estratégico para multiplicar los efectos de la “bonanza” en miras de que no seamos una nueva “Suiza” por unos años…y luego todo quede en la nada.

Las evaluaciones internacionales sobre educación (PISA) que recientemente se han hecho en el país muestran indicadores asombrosos pero esta vez para nuestra preocupación: estamos muy por debajo de sociedades que creíamos “atrasadas” con respecto a nosotros. Nuestro país tiene todavía la noción de que seguimos siendo como en los 40’ o 50’, quizás las décadas en donde nuestro “auge cultural” o los niveles de alfabetización fueron un ejemplo regional. Hoy, por el contrario, nuestro dinero se está dilapidando en un mal sistema educativo, reproductor de las diferencias sociales (dado que los más pobres son lamentablemente los más incultos, los de peores niveles educativos, donde muchas veces estudian en ámbitos de inseguridad mientras que los sectores más favorecidos todo lo contrario). Además, nuestro sistema es un aparato burocrático, poco innovador (elemento esencial para el desarrollo de las naciones) y atrasado. En conclusión, no han alcanzado (y es claro que no alcanzarán) los meros esfuerzos económicos (si bien son un elemento central) para un desarrollo sustentable y sostenido.
Las exportaciones han crecido mucho pero también las importaciones de varios bienes y servicios que somos incapaces de producir por falta de mano de obra calificada, es decir, productos con valor agregado. De esta ecuación surge claro que hay una diferencia entre lo que vendemos y compramos: producimos, en lo que respecta a mano de obra, barato y sencillo, a la vez que compramos productos altamente desarrollados con tecnologías aplicadas mediante saber científico y trabajo humano.
En definitiva, solamente tenemos más dinero para todos (lo cual es un avance sin duda) aunque no tan equitativamente distribuido (las autoridades del gobierno, como el Director de Macroeconomía del Ministerio de Economía y Finanzas Andrés Masoller, han reconocido que no se ha podido reducir la brecha existente entre los ingresos de pobres y ricos). Esto redunda en la imposibilidad de mantener un crecimiento sin que podamos estar a salvo de las variables externas, aunque nunca en su totalidad pero sí más resguardados al devenir de la economía mundial. En síntesis, no logramos una matriz económica endógena fuerte sino que dependemos del resto en todo.
En lo cultural y social, seguimos viendo como la violencia es reina y gobierna por doquier: espectáculos públicos, en la calle, en las familias, etc., etc., etc.
Hasta ganó en un ámbito crucial de nuestra sociedad: los sindicatos, actores sociales de tan larga data como grandeza para la sociedad uruguaya. Todos los sectores políticos están de acuerdo en que hemos vivido un año de conflictos “subidos de tono” que fueron innecesarios y traspasaron sin lugar a dudas la tradicional función del sindicato: la protección de los más débiles. Por el contrario, ha sido la población entera la que sufrió los basurales de Montevideo (incluso los sectores más vulnerables a la contaminación y el riesgo sanitario no fueron los “ricos y oligarcas” sino los más pobres), el no poder cobrar el aguinaldo por el paro del clearing de cheques, los cortes de tránsito, de servicios municipales, y así una larga lista de etcéteras que no tienen sentido enumerar sino para demostrar cómo inclusive el propio partido de gobierno (quien alentó siempre al movimiento sindical a su ilimitada e incontrolada expansión) se queje de su accionar. Desde este “cristal” del mundo, alentamos el sindicalismo: entiendo que es necesario que existan y que luchen. Pero creo que todos los derechos tienen un límite: y sin duda, en este año que pasó, algunos de los sindicatos (porque no fueron todos) se han extralimitado.
Todos hemos aprendido cómo una sociedad debe buscar la mesura, el equilibrio, los puntos medios y no solo el beneficio corporativo, a riesgo de que reine el caos y se escuchen menos los que menos voces tienen, que muchas veces, sino la mayoría de ellas, es el ciudadano de a pie.
Las lecciones nos las ha dado el recorrer un camino…está en nuestras manos continuar lo que se ha hecho bien pero sobre todo pensar que un cambio es posible: el sueño de que nuestra patria pueda caminar por el sendero del desarrollo.
Y que podamos decir, de una vez para siempre, el otro “¡Nunca más!”, el que todos queremos poder gritar:
¡Nunca más pobres!

Pero desde estas páginas siempre somos más optimistas que pesimistas y optamos por aportar en lugar de negar. Es por eso que propongo en todo caso una visión a la inversa: ¡Siempre un Uruguay con posibilidades para todos!

jueves, 11 de noviembre de 2010

Circo en el desierto


Esta vez compartiré un texto escrito por Federico Viñas, un gran escritor, critico y sobre todo, gran amigo. Su artículo se nombra como:

CIRCO EN EL DESIERTO

¿Sebastián Piñera, presidente de Chile, tenía necesidad de figurar en todo el proceso de rescate de los 33 mineros en Copiapó, en la mina San José? Quizás sí, quizás no; estuvo bien, fue un desastre; aprovechó una instancia desgraciada para ennoblecer su imagen o hizo lo que tenía que hacer. No sé.

¿Este accidente era de una gravedad merecedora de una atención especial y prioritaria con respecto a la atención que debería dársele a los otros mil mineros que todos los años mueren en Chile? ¿Era un hecho acaso más terrible, más desolador, más atroz que las 25.000 personas que se mueren de hambre por día? ¿Acaso se trató de un episodio más merecedor de atención que los 53 millones de latinoamericanos que pasan hambre desde que se levantan hasta que se acuestan? ¿Y qué hacemos con los niños, esos seis millones a los que todos los años se les trunca la vida porque en el estómago sólo tienen aire y enfermedades que sus países devastados no pueden curar? ¿La historia de los 33 mineros atrapados debajo de una mina era más importante que la de los atrapados por el hambre y la pobreza profunda? No.

Ahora: ¿el accidente de los 33 mineros era lindo, poético, hermoso, incluso perfecto para los medios de comunicación? ¿La imagen de sus familiares a la espera, los videos que enviaban desde las profundidades, los psicólogos que los preparaban para enfrentarse a periodistas, las promesas de casamiento, los chismes de infidelidades y la proeza de la supervivencia creaban el marco mediático adecuado y la ansiedad necesaria como para que cientos de millones de personas siguieran su rescate en todas partes del mundo? Sí, rotundamente sí.

Entonces: ¿los canales de televisión debieron haber hecho una transmisión de 24 horas casi ininterrumpidas de la fase final del rescate? ¿Debieron haber poblado los informativos televisivos centrales con amplios minutos dedicados a los mineros? ¿Debieron haber enviado a sus periodistas cuasi-actores a Chile para que repitieran una y otra vez que “el clima de emoción y júbilo que se vive en el campamento se palpita en todos los rincones”? ¿Los portales de internet estuvieron bien en colgarse de la transmisión de la televisión? ¿Estuvieron bien en actualizarse cada vez que un minero emergía de la sonda? ¿Los diarios del jueves 14 estuvieron atinados en repetir –al menos en Uruguay– la misma foto, uno a uno, y siempre con el presidente Piñera figurando como una metástasis aparentemente ineludible?

La capacidad de los medios de comunicación de fijar la agenda –es decir, de ejercer esa capacidad que tienen de determinar cuáles son los hechos más relevantes del día por el mero hecho de incluirlos en sus minutos de pantalla, en sus centímetros de diario o en sus minutos de aire– es viejísima, pero no por eso deja de ser cierta.

Todos los días, desde que leemos un título en un diario hasta que reproducimos un video en un portal de noticias, estamos prestando atención a aquello que un editor periodístico decidió que debía conocerse. Visto desde otro ángulo, nos estamos perdiendo de un sinfín de noticias y videos y fotos que fueron dejadas de lado por alguien que así lo decidió. Esa potestad es más que válida para los medios de comunicación; se supone que quienes de ellos están encargados son profesionales, están comprometidos con la vida social y tienen el criterio necesario para seleccionar lo que de verdad es relevante para los ciudadanos. Pero claro, esos editores modelo no existen. Y aunque los blogs, las redes sociales y las nuevas posibilidades de generación de contenidos ayudan a contrarrestar los atropellos informativos y de arbitrariedad de agenda de los medios de comunicación, el mal de directores y editores brutos igual se propaga como el calor.

La cobertura dedicada a los mineros chilenos fue –y sigue siéndolo– un paradigma del trastoque de prioridades en nuestros medios de comunicación, y, en segundo plano, una victoria aplastante de la espectacularización de la desgracia. Fue, también, un reflejo de la pobreza informativa, de la falta de buenas ideas y de la ausencia de una perspectiva que tome a los medios de comunicación como algo más que máquinas que estrechan mentes. Eso sí: también fue una historia capaz de erizarnos la piel, arrancarnos un par de lágrimas y levantar un circo en el medio del desierto.

Federico Viñas

domingo, 10 de octubre de 2010

¿CUÁNTO CUESTA TU DIGNIDAD?



Ayer pude comprobar una desalentadora realidad: como la dignidad humana pede valer unos pocos dólares.

Un sujeto que intenta ganarse la vida con esfuerzo, sacrificio, trabajando para tener “lo suyo” y con honradez, queriendo hacer honor al desempeño diario.  Sin embargo, cuando están en juego unos “billetes”, puede verse vulnerado en tantos derechos fundamentales como dólares puedas contar.
La verdad es que en este mundo, en el que últimamente, el ser humano es instrumento y no fin, en donde los intereses económicos juegan un rol central, donde vemos como pasan las cosas sin que podamos hacer mucho y donde pocos deciden lo que a muchos afecta: el Mundo está “patas para arriba”.
Si un individuo posee una mínima cantidad de dinero puede comprar bienes intangibles, bienes que la humanidad ha conseguido a costo de mucha sangre: hoy su costo son muchos dólares. Parece que la vida y la dignidad son equiparables al dinero.
Ese Hombre, avasallado, insultado y atropellado por quien sustenta un poco de capital, puede verse totalmente perdido, abandonado ante el poder de la moneda, desamparado frente a otros pares que también conllevan esta idea de la realidad. El sujeto fue insultado, violado en su integridad física, maltratado moralmente por el “poderoso” y el pago ante ello fue más castigo: ante el enojo del poderoso por una situación que creía culpa del “simple trabajador” lo castigan por esta “misma situación”.
Hemos llegado a la era que el poder compra la culpa, en que el dinero hace a los inocentes y declara los villanos, en que el interés en ese “precioso bien” puede deshumanizar la Humanidad.

No quiero darle más vueltas a esta realidad que pude presenciar…solo que la dignidad por el Hombre me llevó a escribir unas palabras en su memoria…la del pobre trabajador pisoteado por el poder.

Quizás aquel sabio tenía razón al escribir viejas coplas que de alguna manera intentan curar las heridas que agitan el alma en este escenario:

 "Tu amor es la luz que atraviesa los muros y las rejas de la prisión, acaricia cada pulgada de mi piel, calienta cada una de mis células, me permite mantener mi calma interior".

sábado, 18 de septiembre de 2010

LA METAMORFOSIS : de aldeas a un planeta


Joseph Nye fue el creador de un nuevo concepto referente a un arma intangible, pero muy potente y absolutamente ultramoderna. El “Soft Power” es la clave utilizada por EEUU para salir vencedor en la Guerra Fría y a partir de allí, su uso no se ha detenido bajo ninguna circunstancia y hasta pareciera tener un cerebro y accionar propio é incontrolable.

Este Poder Suave, declara una notoria invasión invisible, cultural, que bajo su manto de diferencias oculta una atracción fatal, que termina con la búsqueda de una nueva filosofía de vida por parte de los actores afectados. Actualmente, es una herramienta utilizada por todos los actores de la política internacional, así como también las instituciones internacionales.

Existe notorio temor a la existencia de esta herramienta homogeneizadora. Esto porque lleva a la posibilidad de hacer desaparecer culturas existentes tras que estas toman filosofía de vida del agente lanzador del Soft Power, abandonando la suya propia. Existe otro factor provocado por esta invasión que ha sido punto de partida para uno de los principales temores contemporáneos: El Terrorismo.

El terrorismo no es más que un concepto que engloba al uso del “terror” como principal herramienta de daño a un enemigo, siendo “terror” cualquier situación que genere un clímax de tensión o de inseguridad latente y continua a causa de una acción o la existencia de su posibilidad.

Algunos académicos opinan que estas fuerzas terroristas están haciendo uso del Soft Power, estudiándolo, analizando al enemigo para conocer sus puntos débiles. La globalización es una herramienta y como tal, se le puede dar el uso que el que la utilice pretenda.

Es impresionante comprender como la globalización ha pulverizado las distancias, generando que la cultura mundial este cada vez más unida. Algunos temen por la amenaza que esto representaría para la diversidad biológica y cultural.

Sin embargo, hay quienes también ponen sobre la mesa el concepto de “comunidad”, dándola por entendida como una modalidad de relacionamiento social (valores, confianza, es algo más emocional que racional), dentro de un espacio en el cual la vida toma forma, llevada de la mano de la comunicación y la convivencia. Es fácil identificar coincidencias entre los ramos que componen a la globalización y al concepto de comunidad. Es por esta razón que desde hace un tiempo, se ha comenzado a hablar sobre “Comunidad Global”.

Las diferencias entre los hombres han sido siempre puntos críticos de reflexión, tratándose ellas a través de la búsqueda de igualdad. De todas maneras, deberíamos de comenzar a considerar ciertos aspectos para poner los codos en la mesa y la quijada sobre las manos apretadas.

Me pregunto qué tendría de malo con tener una cultura homogénea que genere una comunidad global con mismos valores y esperanzas, dentro de un mismo lugar espacial, que sería nuestro globo terráqueo (que de por sí es un concepto con dimensiones ya establecidas y nosotros allí dentro). No interesa saber que cultura seriamos (incluso me gusta pensar que sería una fusión de ellas), mas bien, interesa darnos cuenta de que si fuéramos todos culturalmente iguales por el simple hecho de comprender que somos parte de una misma especie sin distinciones físicas de ningún tipo, con diferencias existentes solo desde nuestra generación mental, entonces, podríamos coexistir con valores distintos pero aceptados conscientemente para formar parte de un contexto social–cultural parejo, una verdadera comunidad global.

De ninguna manera sería perjudicial, por el contrario, muchos asuntos diferenciales verían solución por ser tomados realmente en cuenta en la comunidad (debería proclamar: “La comunidad está bien, cuando la comunidad está bien”, siendo la comunidad elemento englobador y parte a la vez).

Quiero compartir este pensamiento, sabiendo que el único impedimento factible de él mismo, es el propio egoísmo del hombre, que por poner beneficios autónomos frente a la solidaridad reciproca (falta de tolerancia y de confianza – claro signo de inmadurez humano, ya que estudios sociales han demostrado que la confianza es mayor en las personas que tienen mayor nivel educativo y mayor edad), destruye la posibilidad de unión. La madurez debe llegar con la confianza. Analizar esto es el paso adelante faltante para desarrollar las relaciones pro el ser humano.

Seguiré explicando esta simple realidad, siempre sin olvidar que no estamos solos y la razón que forma tu todo, amigo lector, solo es todo cuando también sea la razón de al menos, todos los demás...(nota de escritor: no desesperes, amigo lector).

lunes, 13 de septiembre de 2010

AMÉRICA LATINA: LA ALTERNATIVA PLAUSIBLE


Luego del trágico período dictatorial latinoamericano, apoyado y financiado en su gran mayoría por los Estados Unidos de América (y la excepción cubana que, en sentido contrario, lo fue también pero por la Unión Soviética), nuestro continente tuvo que decidir cuál sería la estrategia nacional e internacional para la recuperación de las distintas economías (unas más hundidas que otras pero todas al fin estancadas y endeudadas).


Para ello, fue necesario reflexionar acerca de cuál era el modelo a seguir, cuáles las nuevas líneas directrices de la economía y su relación con la “cuestión social”: el estancamiento económico, el incremento sostenido de la deuda externa, la hiperinflación y varios años de pérdida del salario real, la inequitativa distribución de los ingresos y la consecuencial pérdida de un status de calidad de vida que caracterizó a varios países latinoamericanos años atrás (Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, México).


Luís Bresser habla de un “nuevo pacto social” entre los trabajadores, los capitalistas y la tecnoburocracia. Una visión bastante moderada dentro de los pensadores de tendencia izquierdista, racionalizada y pragmática. Algo que debería ser el patrón común del pensamiento económico, político y social a estas alturas de la Historia del Hombre, aunque sin embargo un tanto fuera de lo común en la actualidad.


Bresser entiende que: i. tras el fracaso del sistema de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI), ii. el posterior pacto entre capitalistas y la tecnoburocracia (militares) que destruyó completamente la posibilidad latinoamericana de un desarrollo sostenido al corto plazo (dado que los Estados al endeudarse para mantener los subsidios a las clases burguesas con la finalidad de una “acumulación inicial de capital necesario” para la competencia en mercados internacionales y la inversión posterior que llevaría a un “crecimiento macroeconómico exitoso”, no tendrían capacidad de afrontar sus déficit estructurales y terminan por colapsar, con grandes crisis sociales) y iii. En el necesario “pacto entre trabajadores-empresarios-tecnoburócratas”, sólo hay una buena perspectiva de desarrollo social y económico si se realiza una estrategia integral que aspire a una apertura de las economías latinoamericanas pero con la peculiaridad de que las industrias deben especializarse y tecnificarse, sean las que sean, para poder lograr una competencia de precios y calidad en el mercado mundial que es “la gran feria” de los empresarios, ya no estancos en una economía nacional sino apostando al desarrollo regional y global.


Es real lo que Thomas Friedman plantea con su conocida expresión que tituló una de sus obras más exitosas: “The World is flat”. Aunque con una lógica liberalista e imperialista, no se coincide con su desarrollo sino más bien con su observación acerca de que el mundo globalizado está y es real. Y ante ello, Latinoamérica debe adaptarse porque como Joseph Stiglitz bien manifiesta “la globalización no es buena ni mala” sino que es una herramienta para la Humanidad.


En este sentido, es menester que América latina entienda que un modelo de “economía mixta”, abierta al mercado global, competitiva y cada vez más diversificada pero vigilada por el Estado, en cuanto protege a sus nacionales y distribuye equitativamente los ingresos así como regula las actividades productivas, dejando lugar para la inversión y el lucro de las empresas privadas aunque sin olvidarse que el “capitalismo salvaje”, expresión que pinta los albores de la peor (quizás) forma de explotación económica que el hombre haya podido conocer. El trabajo, las condiciones en que se desarrolla y las retribuciones por el mismo deben estar bajo la especial tutela del Estado en la presente centuria.
Las perspectivas de los Estados latinoamericanos para el Siglo XXI deben estar lejos de las tesis extremas y autoritarias (kirchnerismo, chavismo, castrismo, etc.) así como las liberalistas y desintegradoras (menemismo, fujimorismo, etc.).
Debemos forjar un pensamiento regional de conciencia y reflexión acerca de nuestro importante rol en la recuperación económica mundial. Somos y podemos ser aún más. Hemos demostrado que las condiciones y factores que hundieron al “mundo desarrollado” son ajenos a nuestra forma de entender la realidad. Que podemos vivir en un equilibro entre la iniciativa individual y el convivir colectivo.


Tenemos ahora una meta mayor aún para lograr: la educación, como herramienta de sostenimiento de la bonanza, desarrollo y calidad de vida.


Si se ha ensayado en varios polos de la reflexión y el pensamiento político acerca de una supuesta “deuda interna”, que el crecimiento económico “neto” no es conditio sine qua non del desarrollo y la calidad y que la clave del desarrollo humano está no solo en sus ingresos sino en sus posibilidades y estructuras sociales, es claro entonces que no debemos contentarnos con un avance unívoco, sino concretar más bien los diferentes aspectos que tenemos en el “debe”.


Amartya Sen nos dio una lección de qué tan importante son los “sistemas de titulación” en una sociedad (en sentido lato, sería el sistema de adquirir títulos, ya sea propiedad, uso, goce o cualquier manifestación de utilización de una cosa en la realidad). Que puede haber una mayor producción de alimentos así como una población menor (todo en una sociedad hipotética) y sin embargo producirse una crisis de hambre. Lo explica con una demostración empírica (hambrunas de la India a partir de los 40’ y 50’), que fue un caso en particular en que las condiciones mencionadas se dieron y se gestó como consecuencia la crisis de alimentos. ¿Por qué? La población no podía conseguir los alimentos debido a que no tenía los medios (materiales y/o sociales) como para adquirirlos. Y ello nos prueba una vez más que lo importante es la relación social entre ingresos y medios de vida, más que una relación meramente numérica, bruta o neta.


América latina toda debe apostar a llevar adelante algunas consignas que serían necesarias para seguir firmes en un rumbo alternativo y sustentado:

i. Apoyar el sostenimiento de “fuertes universidades”, abocadas a la tecnología y la investigación de las diversas ciencias como motor del desarrollo nacional y regional.
ii. Invertir una parte considerable de su presupuesto en la educación (actualmente, la UNESCO ha entendido que el 6% del PIB es el mínimo necesario y básico en un proyecto educativo nacional serio).
iii. Apoyar el “trabajo juvenil” como incentivo para las empresas a contratar a jóvenes y fomentar de esa manera buenas condiciones laborales para los futuros adultos de la sociedad del porvenir.
iv. Regular y vigilar el desarrollo de las actividades productivas para: a) facilitar y apoyar las iniciativas privadas; b) controlar la relación entre renta y distribución de la misma.
v. Convocar instancias de participación democrática en los temas más importantes y controvertidos, ya sea mediante estructuras de representación indirecta (consejos de salarios, mesas de negociación, referéndum consultivos) o mediante estructuras de participación directa (leyes de obligatorio referéndum, flexibilidad en los mecanismos de plebiscito, elección directa de más órganos políticos).
vi. Fomentar y a la vez regular y controlar la inversión extranjera como plusvalor económico para un país (en aquellas actividades que la industria nacional no posea los medios económicos para su emprendimiento) y como generador de renta y trabajo nacional.



Solo si caminos por los caminos de la razón, sin tropezar con los excesos de las pasiones políticas, sabiendo distinguir que izquierda y derecha son grados de una misma escala (y que la derecha siempre tiene una derecha como la izquierda, izquierda…), si realmente sabemos compartir los beneficios de la bonanza, con la sabiduría de entregar y mantener la misma rectitud en los mementos de adversidad tanto como en la buenaventura.


Solo si, por primera vez en la historia, aprovechamos esta circunstancia única que tenemos por delante, de saber entender nuestra misión en nuestra realidad y adaptarnos a ella, podremos darnos cuenta que nuestro rol hoy es “marcar la diferencia”.

Podemos construir un sistema justo, democrático e igualitario. La lección de la historia está en los libros…pero la decisión en nuestras manos.

martes, 7 de septiembre de 2010

Mi fiel amigo RAMBO


(algo sobre la ética)



....yo tenía el Sol generando mi propia lluvia, al pasto para que pudiera estar descalzo y una pelota como para pasar un rato de juventud. En eso, mi tío Antonio iba terminando el asado que comeríamos cuando el tiempo lo quisiera.

-"deja que se vaya haciendo...atájame unos tiros"- le dije. . .

-"ahora no, no puedo"- me contesto. . .y tras quedarme entre un status quieto y status quo de la situación, enseguida retome actividad y esta vez incite a Rambo (el perrito de la casa), a que jugara conmigo. El si acepto.

Desde aquellos (mis entonces) 6 años de vida, lo que me dijo Antonio fue solo un gesto más de los tantos otros que los adultos liberan, algo así como siguiendo una conducta adulta.

Pasaron ya 16 años de aquel momento con mi pelota, la carne y mi tío, pero lo recuerdo y siento que finalmente lo entiendo. Mi tío estaba actuando naturalmente...naturalmente humano refiero.

Estaba usando su libertad, decidiendo que hacer sobre la invitación a jugar, decidiendo que era lo que sucedería con la carne que estaba cocinando para luego comer. El eligió dentro de las posibilidades que se le presentaron y por ser libre quiso inventar el camino hacia el asado cocinado para comer y lo eligió frente a la juventud, que proclamaba la pelota.

Decidió responsabilizarse de la comida. (-"QÜE GRRRICU!!”-, dice mi ombligo).

También me di cuenta de que sin saberlo, opte por el perro porque conocía su reacción, ya que en cierta forma, los cachorros actúan todos igual (no eligen realmente lo que hacen, simplemente actúan naturalmente, de forma inconsciente).

Es interesante que por recordar este hecho autobiográfico, pude poner en pleno el concepto de "ética", que define al ser humano.

En resumen, comprendo que mi tío actuó tras un análisis conciente y racional de la situación y luego de eso solo podía tener dos reacciones posibles : decirme SI ó NO.