lunes, 13 de septiembre de 2010

AMÉRICA LATINA: LA ALTERNATIVA PLAUSIBLE


Luego del trágico período dictatorial latinoamericano, apoyado y financiado en su gran mayoría por los Estados Unidos de América (y la excepción cubana que, en sentido contrario, lo fue también pero por la Unión Soviética), nuestro continente tuvo que decidir cuál sería la estrategia nacional e internacional para la recuperación de las distintas economías (unas más hundidas que otras pero todas al fin estancadas y endeudadas).


Para ello, fue necesario reflexionar acerca de cuál era el modelo a seguir, cuáles las nuevas líneas directrices de la economía y su relación con la “cuestión social”: el estancamiento económico, el incremento sostenido de la deuda externa, la hiperinflación y varios años de pérdida del salario real, la inequitativa distribución de los ingresos y la consecuencial pérdida de un status de calidad de vida que caracterizó a varios países latinoamericanos años atrás (Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, México).


Luís Bresser habla de un “nuevo pacto social” entre los trabajadores, los capitalistas y la tecnoburocracia. Una visión bastante moderada dentro de los pensadores de tendencia izquierdista, racionalizada y pragmática. Algo que debería ser el patrón común del pensamiento económico, político y social a estas alturas de la Historia del Hombre, aunque sin embargo un tanto fuera de lo común en la actualidad.


Bresser entiende que: i. tras el fracaso del sistema de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI), ii. el posterior pacto entre capitalistas y la tecnoburocracia (militares) que destruyó completamente la posibilidad latinoamericana de un desarrollo sostenido al corto plazo (dado que los Estados al endeudarse para mantener los subsidios a las clases burguesas con la finalidad de una “acumulación inicial de capital necesario” para la competencia en mercados internacionales y la inversión posterior que llevaría a un “crecimiento macroeconómico exitoso”, no tendrían capacidad de afrontar sus déficit estructurales y terminan por colapsar, con grandes crisis sociales) y iii. En el necesario “pacto entre trabajadores-empresarios-tecnoburócratas”, sólo hay una buena perspectiva de desarrollo social y económico si se realiza una estrategia integral que aspire a una apertura de las economías latinoamericanas pero con la peculiaridad de que las industrias deben especializarse y tecnificarse, sean las que sean, para poder lograr una competencia de precios y calidad en el mercado mundial que es “la gran feria” de los empresarios, ya no estancos en una economía nacional sino apostando al desarrollo regional y global.


Es real lo que Thomas Friedman plantea con su conocida expresión que tituló una de sus obras más exitosas: “The World is flat”. Aunque con una lógica liberalista e imperialista, no se coincide con su desarrollo sino más bien con su observación acerca de que el mundo globalizado está y es real. Y ante ello, Latinoamérica debe adaptarse porque como Joseph Stiglitz bien manifiesta “la globalización no es buena ni mala” sino que es una herramienta para la Humanidad.


En este sentido, es menester que América latina entienda que un modelo de “economía mixta”, abierta al mercado global, competitiva y cada vez más diversificada pero vigilada por el Estado, en cuanto protege a sus nacionales y distribuye equitativamente los ingresos así como regula las actividades productivas, dejando lugar para la inversión y el lucro de las empresas privadas aunque sin olvidarse que el “capitalismo salvaje”, expresión que pinta los albores de la peor (quizás) forma de explotación económica que el hombre haya podido conocer. El trabajo, las condiciones en que se desarrolla y las retribuciones por el mismo deben estar bajo la especial tutela del Estado en la presente centuria.
Las perspectivas de los Estados latinoamericanos para el Siglo XXI deben estar lejos de las tesis extremas y autoritarias (kirchnerismo, chavismo, castrismo, etc.) así como las liberalistas y desintegradoras (menemismo, fujimorismo, etc.).
Debemos forjar un pensamiento regional de conciencia y reflexión acerca de nuestro importante rol en la recuperación económica mundial. Somos y podemos ser aún más. Hemos demostrado que las condiciones y factores que hundieron al “mundo desarrollado” son ajenos a nuestra forma de entender la realidad. Que podemos vivir en un equilibro entre la iniciativa individual y el convivir colectivo.


Tenemos ahora una meta mayor aún para lograr: la educación, como herramienta de sostenimiento de la bonanza, desarrollo y calidad de vida.


Si se ha ensayado en varios polos de la reflexión y el pensamiento político acerca de una supuesta “deuda interna”, que el crecimiento económico “neto” no es conditio sine qua non del desarrollo y la calidad y que la clave del desarrollo humano está no solo en sus ingresos sino en sus posibilidades y estructuras sociales, es claro entonces que no debemos contentarnos con un avance unívoco, sino concretar más bien los diferentes aspectos que tenemos en el “debe”.


Amartya Sen nos dio una lección de qué tan importante son los “sistemas de titulación” en una sociedad (en sentido lato, sería el sistema de adquirir títulos, ya sea propiedad, uso, goce o cualquier manifestación de utilización de una cosa en la realidad). Que puede haber una mayor producción de alimentos así como una población menor (todo en una sociedad hipotética) y sin embargo producirse una crisis de hambre. Lo explica con una demostración empírica (hambrunas de la India a partir de los 40’ y 50’), que fue un caso en particular en que las condiciones mencionadas se dieron y se gestó como consecuencia la crisis de alimentos. ¿Por qué? La población no podía conseguir los alimentos debido a que no tenía los medios (materiales y/o sociales) como para adquirirlos. Y ello nos prueba una vez más que lo importante es la relación social entre ingresos y medios de vida, más que una relación meramente numérica, bruta o neta.


América latina toda debe apostar a llevar adelante algunas consignas que serían necesarias para seguir firmes en un rumbo alternativo y sustentado:

i. Apoyar el sostenimiento de “fuertes universidades”, abocadas a la tecnología y la investigación de las diversas ciencias como motor del desarrollo nacional y regional.
ii. Invertir una parte considerable de su presupuesto en la educación (actualmente, la UNESCO ha entendido que el 6% del PIB es el mínimo necesario y básico en un proyecto educativo nacional serio).
iii. Apoyar el “trabajo juvenil” como incentivo para las empresas a contratar a jóvenes y fomentar de esa manera buenas condiciones laborales para los futuros adultos de la sociedad del porvenir.
iv. Regular y vigilar el desarrollo de las actividades productivas para: a) facilitar y apoyar las iniciativas privadas; b) controlar la relación entre renta y distribución de la misma.
v. Convocar instancias de participación democrática en los temas más importantes y controvertidos, ya sea mediante estructuras de representación indirecta (consejos de salarios, mesas de negociación, referéndum consultivos) o mediante estructuras de participación directa (leyes de obligatorio referéndum, flexibilidad en los mecanismos de plebiscito, elección directa de más órganos políticos).
vi. Fomentar y a la vez regular y controlar la inversión extranjera como plusvalor económico para un país (en aquellas actividades que la industria nacional no posea los medios económicos para su emprendimiento) y como generador de renta y trabajo nacional.



Solo si caminos por los caminos de la razón, sin tropezar con los excesos de las pasiones políticas, sabiendo distinguir que izquierda y derecha son grados de una misma escala (y que la derecha siempre tiene una derecha como la izquierda, izquierda…), si realmente sabemos compartir los beneficios de la bonanza, con la sabiduría de entregar y mantener la misma rectitud en los mementos de adversidad tanto como en la buenaventura.


Solo si, por primera vez en la historia, aprovechamos esta circunstancia única que tenemos por delante, de saber entender nuestra misión en nuestra realidad y adaptarnos a ella, podremos darnos cuenta que nuestro rol hoy es “marcar la diferencia”.

Podemos construir un sistema justo, democrático e igualitario. La lección de la historia está en los libros…pero la decisión en nuestras manos.

1 comentario:

  1. Muy bueno el blog y excelente el artículo, te digo que sería bueno que varios líderes latinoamericanos lo leyeran, así les abre un poquito la cabeza.
    Abrazo grande y a seguir así!
    Saludos para todos los que escriben en el blog, realmente muy interesante!

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