domingo, 10 de octubre de 2010

¿CUÁNTO CUESTA TU DIGNIDAD?



Ayer pude comprobar una desalentadora realidad: como la dignidad humana pede valer unos pocos dólares.

Un sujeto que intenta ganarse la vida con esfuerzo, sacrificio, trabajando para tener “lo suyo” y con honradez, queriendo hacer honor al desempeño diario.  Sin embargo, cuando están en juego unos “billetes”, puede verse vulnerado en tantos derechos fundamentales como dólares puedas contar.
La verdad es que en este mundo, en el que últimamente, el ser humano es instrumento y no fin, en donde los intereses económicos juegan un rol central, donde vemos como pasan las cosas sin que podamos hacer mucho y donde pocos deciden lo que a muchos afecta: el Mundo está “patas para arriba”.
Si un individuo posee una mínima cantidad de dinero puede comprar bienes intangibles, bienes que la humanidad ha conseguido a costo de mucha sangre: hoy su costo son muchos dólares. Parece que la vida y la dignidad son equiparables al dinero.
Ese Hombre, avasallado, insultado y atropellado por quien sustenta un poco de capital, puede verse totalmente perdido, abandonado ante el poder de la moneda, desamparado frente a otros pares que también conllevan esta idea de la realidad. El sujeto fue insultado, violado en su integridad física, maltratado moralmente por el “poderoso” y el pago ante ello fue más castigo: ante el enojo del poderoso por una situación que creía culpa del “simple trabajador” lo castigan por esta “misma situación”.
Hemos llegado a la era que el poder compra la culpa, en que el dinero hace a los inocentes y declara los villanos, en que el interés en ese “precioso bien” puede deshumanizar la Humanidad.

No quiero darle más vueltas a esta realidad que pude presenciar…solo que la dignidad por el Hombre me llevó a escribir unas palabras en su memoria…la del pobre trabajador pisoteado por el poder.

Quizás aquel sabio tenía razón al escribir viejas coplas que de alguna manera intentan curar las heridas que agitan el alma en este escenario:

 "Tu amor es la luz que atraviesa los muros y las rejas de la prisión, acaricia cada pulgada de mi piel, calienta cada una de mis células, me permite mantener mi calma interior".

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