viernes, 16 de abril de 2010

LA DUDA: NUESTRA ÚNICA SEGURIDAD...



¡Qué gran certeza! Adorada por los antiguos filósofos (¡y qué acertados estaban!) y tan defenestrada en nuestra centuria.

El ser Humano de hoy, si es que hay algo que tiene que tener como seguro, cierto, irrefutable, verdadero, es que la duda es nuestro camino.

¿Acaso nadie dudará que estamos yendo mal? ¿Acaso alguien arriesgará su honestidad intelectual a la aseveración de que estamos por el buen camino? ¿De que el Mundo gira en proyección encontrada?

Amigos, lo que nos queda es esa grandiosa herramienta (y decimos herramienta puesto que no es más que eso: un medio para un fin ulterior) que es la duda. ¿Por qué? Porque si el problema ontológico del ser humano lo hemos “resuelto” a lo largo de los milenios que nos preceden (aunque dubitativamente, me resulta imperante llamarle de alguna manera y por eso las comillas), hoy nos encontramos ante dos grandes cuestiones que son el “alma matter” de nuestra prospectiva: el deber ser y el cómo ser, es decir, la cuestión deontológico y axiológico-valorativa del ser humano.

Emprender aquí las soluciones a dichas interrogantes sería como intentar hacer por este humilde hombre lo que no han hecho y deberán hacer el resto de la comunidad internacional y, por sobre todo, cada uno de nosotros.

Los años pasarán y nos traerán un nuevo mundo. Un Mundo que sin embargo hoy estamos a tiempo de direccionar, de marcar sus “nortes” (o quizás “sures”), de encauzar en una tarea colectiva, integral e integradora, que hemos pospuesto en los últimos años.

No me refiero a las cuestiones medioambientales, ni las “guerras nucleares” o posibilidad de utilización de armas químicas. Eso es “alarmismo” o “amarillismo”, manipulación agitacional de los temas para emprender el miedo ante una sociedad consternada por los grandes cambios tecnológicos y ante una nueva realidad globalizada en donde las decisiones se toman por quienes no reciben sus consecuencias, hasta que llega el inevitable “efecto boomerang” en la concepción de Becker o la “ley de causa y efecto” y “pendular” hermética.

Estoy haciendo referencia a las cuestiones con que empezamos esta nota: nuestros imperativos categóricos y nuestros axiomas.

El Mundo de hoy no tiene ese trípode: ser, deber ser y cómo ser. Solamente flota en el ser. Naufraga, como madero de barco, en un mar que ni siquiera contempla y reconoce y por lo tanto ignora, y al cuál nunca dejará. Solo es…simplemente es. Como si el mundo del ser fuese algo por si mismo sin una finalidad y una forma.

Si el Hombre solamente fuera, no estaría dotado de razón para contemplarse y ver que realmente es o ¿acaso un perro es conciente de su existencia? El Hombre sí. Y por eso puede cambiar. No solo por procesos biológicos sino sociales y antropológicos.

Emprendamos, de una vez por todas, la tarea de creer: ¡tener fe! Que no significa creer en un Dios ni en una Iglesia…sino más bien saber que siempre queda algo más. Y me pregunto, y vuelvo con la cuestión inicial: ¿a alguien le quedan dudas de que algo más hay?

Hombre postmoderno ¡debes despertar! Porque hay una verdad irrefutable: es la oscuridad más profunda la que precede al alba…

martes, 13 de abril de 2010

DES IDEÉS DE VIE



. . . fue entonces que tuve que frenar, dejar de escuchar para pensar en la solución de lo imposible...


IDEAS DE VIDA


Cuando la unión sea total entre los Estados del mundo, solo ahí, el mundo podrá ser paz y más igualitario.

Cuando la unión sea total entre los Estados del mundo, estaremos en presencia de una etapa de desarrollo civilizatorio avanzado, en donde las diferencias entre civilizaciones no van a ser de un índole violento tal cual lo vivimos hoy día. Diferencias si habrá...serán religiosas, culturales...máxime, tendrá igualdad en fines económicos, políticos y sociales. No existirá el egoísmo entre Estados (cada uno buscando el éxito y progreso para sí mismo), ya que sus fines serán conjuntos, sus caminos irán por la misma vereda y hacia la misma dirección.

Cuando la unión sea total entre los Estados del mundo, ella se verá realizada por un dogma existencial y equitativo, el cual se irá forjando a medida que los años del futuro (que en ese tiempo ya serán un pasado y seguro presente) vayan demostrando que se debe hacer algo por otros que viven en un mundo donde la vida es solo el primer escalón de dos hacia la muerte.

Será un momento en el que las miradas se posaran con una sola dirección, tal vez por presiones de una nueva forma de pensar la vida (percepción y acción ligada a un cambio en la mente egoísta de las sociedades actuales) y pues entonces, Los Pocos harán algo por Los Muchos.

Así como se paga una cuota o un impuesto, mes a mes, Los Pocos se comprometerán a pagar una cuota que se destinará para alimentar y mejorar la vida de aquellos que la viven como primer escalón. Los demás que no son de Los Pocos ni tampoco de Los Muchos, también aportarán en cantidades justificadas y proporcionales. Nada que temer...todos serán uno. Por cierto (una ayuda para facilitarte la nube negra del concepto del “pago” mencionado), ¿existe una persona en la tierra que sea lo suficientemente egoísta, solitaria y avara como para no apoyar la idea de que alguien no muera de hambre solo porque tuvo la causalidad de nacer en condiciones imposibles de una vida digna, en aunque sea lo más mínimo del primer escalón...y no comenzar finalizando el último?

Juntos los Estados, podrán sacar adelante a la especie humana. No es racional ni humano dejar morir como animales con peste a nuestros pares, y les digo...la peste se querrá hacer sentir.

Volvemos del futuro hasta nuestro presente, sabiendo que la única victoria llega de la unión, la solidaridad y la razón por sobre la propia naturaleza humana. Conociendo la futura solución, solo hacerles notar que el Estado salvador, es tal, solo y gracias a que las sociedades mismas lo hacen ser. Vos y yo hacemos la sociedad.

¿Vale la pena seguir pateando la piedrita hacia delante? . . .