lunes, 12 de julio de 2010

“Libertad y Responsabilidad: acerca del Estado del Siglo XXI”






INTRODUCCIÓN: BREVES REFLEXIONES ACERCA DEL PRESENTE SOCIAL


Vivimos en una era de cambios. Los tiempos no son los mismos, la sociedad mundial está compuesta por diversas clases de culturas, dogmas, religiones, creencias, vivencias, la gente se divide aún en sub-sociedades o “sub-universos” sociales, y el individualismo ha llegado a su fase máxima.

Es por ello que los desafíos para un Estado en nuestro presente siglo deben tener en cuenta las diferentes realidades que van surgiendo, no ya como elementos de desviación social (para aplicar todo su aparato coercitivo y de poder) sino como verdadero “guía” del tránsito y la convivencia social.

En la era de la globalización, en la que es ella misma el único (y más importante) elemento homogeneizador, debemos entender que “todo repercute en todo”. Es decir, que la sociedad está totalmente interconectada, y aún más, la sociedad de todo el orbe.

Por ello, los individuos tienen una visión de la realidad más completa pero más compleja. Lo que, concomitantemente, acarrea una mayor libertad pero a la vez una mayor responsabilidad.


DESAFÍOS PARA EL ESTADO DEL SIGLO XXI: LÍMITES Y METAS


Como la sociedad se ha complejizado y se ha heterogeneizado, no hay elementos del todo claros como verdaderos “patrones” que puedan ser tomados en cuenta a la hora de la toma de decisiones políticas, y más específicamente, en lo que respecta a la legislación social.

Lo que sí es claro, es que las decisiones políticas que se realicen deben tener en cuenta esta realidad y no pretender abarcar lo que no deben, siendo contraproducente intentar resolver los problemas de grandes masas con mismas soluciones que viven y conviven en realidades diversas.

El Estado deberá tener como meta recavar y procesar la información necesaria de las divergentes situaciones que presenta el “todo social” para poder, en una etapa posterior, analizar los datos que se arrojen a luz y aún más tarde, y luego de un verdadero tratamiento crítico al respecto, poder, de forma acertada, tomar las medidas que correspondan a cada grupo social.

Por supuesto que este planteo no es una renuncia tácita a la generalidad y abstracción de la ley. Ello corresponde dentro de la generalidad y abstracción que significan hoy los sub-universos sociales, concepto que actualiza y pone al pie de la modernidad al derecho, con las evoluciones y cambios que han acontecido en este presente siglo.

Esto significa que el Estado debe procurar y ser garante de la mayor libertad a los individuos en sus elecciones, formas de vida, pensamiento, libertad de culto, libertad de acción (dentro de los parámetros permitidos) y con ello asegurar una profundización de la democracia como tal.

Por ello, es que el propio Estado tiene como límite a la misma libertad de los individuos: funciona como derecho para el ciudadano y límite para la intervención del Estado.

Pero es éste último quien debe luego ser responsable de las políticas sociales. Y es por ello que creemos posible que se puedan conjugar libertad y responsabilidad social: un Estado que no se entromete donde no debe y sí regula y garantiza lo que debe.

Un Estado realmente comprometido con la educación, en dónde los jóvenes sean el centro del proyecto, donde la excelencia académica deba ser el objetivo, la formación en valores (tan necesaria y olvidada muchas veces) y la realización del individuo como ser Humano.

Un Estado fehacientemente entregado a la salud como factor vital de la sociedad en donde hayan acceso a lo básico y necesario por cada individuo pero siempre y nunca olvidándonos de que es LO BÁSICO Y NECESARIO TAMBIÉN CUALITATIVAMENTE. Quien quiera cuidados especiales que lo busque por sus propios medios. Pero el Estado asegurará que todos tengan lo necesario y decoroso para vivir bien.

Un Estado que no se olvida que la economía le compete: llevando adelante los servicios imprescindibles que un pueblo necesite, regulando las actividades secundarias que pueden ser necesarias para un desarrollo económico y garantizando el mínimo que un sujeto puede necesitar, mediante asignaciones o planes sociales, que tengan como contracara la definitiva inserción del sujeto en un mercado laboral para su propia auto-sustentación.

Un Estado que se abra al Mundo pero que no olvide que sus nacionales son sus “hijos” y que debe velar antes que nada por ellos. Abrirse al Mundo no significa que la sociedad se pone a disposición de las grandes empresas transnacionales, sino que les brinda condiciones a ellas para que operen, sin dejar de considerar que las empresas nacionales tengan sus propios beneficios y también su respectiva “vocación social”.

En definitiva un Estado que garantiza las libertades de los sujetos siendo responsable también de su rol social.


EL MUNDO EN CRISIS: ¿EXISTE UNA ALTERNATIVA?


La actual crisis mundial nos ha demostrado que no existen paradigmas imbatibles: el neoliberalismo ha demostrado cuán peligroso puede ser dejar abiertas las puertas a la especulación sin límites, los fraudes de especuladores que prometen fortunas con inversiones de altos riesgos, los préstamos sin límites, hipotecas “sub-prime”, y así una larga lista de invenciones del ingenio humano para prometer dinero fácil que todos sabemos en qué consecuencias termina.

La verdad es que a lo largo del tiempo, nos hemos dado cuenta y hemos aprendido que, mirando para atrás, el progreso de la Humanidad no tiene por qué tener como base un sistema deshumanizado, que aleja a la mano de obra de la cadena de producción, que la deja como un factor menor, que lo importante es “abaratar costos”, incluir innovación técnica (sin tomar en cuenta las verdaderas bases del producto), y en fin, una lógica que excluye al Hombre del mercado como sujeto productivo.

Si nos sinceráramos acerca del modelo alternativo a seguir, si realmente observáramos como los países del primer mundo sufrieron las consecuencias de su propio modelo que hoy buscan “rescatar”, si pensáramos las estadísticas que nos muestran hoy una América Latina “floreciente”, que crece de a poco pero firme, una Asia en pleno auge, quizás entenderíamos que el Estado nunca debe abandonar su rol decisivo de límite y garante para la vida del ser Humano.

Menos Estado en la esfera de libertades y más Estado para las responsabilidades sociales debe ser el Norte que guíe la “agenda” política de los gobiernos en este siglo que nos acompaña.

Tal vez, si creyéramos en que hay una alternativa, ni un totalitarismo estatal, ni un liberalismo a ultranza, veríamos más claramente esa democracia social posible que el futuro nos aclama.

Ni izquierdas ni derechas: democracia y justicia social.


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