Parece que las esperanzas de una salida sobria y tranquila a la crisis que aqueja a la eurozona se han perdido. A poco de los comicios en España, para los cuales se pronostica una victoria de las corrientes de derecha, los gobiernos de Italia y Grecia han caído, en parte por la presión internacional de los diversos actores involucrados (el FMI, los Jefes de Estado de las potencias económicas como Francia y Alemania, los banqueros, etc.) y también, por qué no decirlo, por la incapacidad de los mismos para poder plantear una solución a la actual situación.
Tan solo horas después de la renuncia de Berlusconi y Papandreu, se anuncian nuevos acuerdos parlamentarios para instaurar las cabezas de los nuevos gobiernos: Mario Monti y Lucas Papademos. Estos dos personajes, muy renombrados en el ámbito financiero (en donde ocuparon cargos de gran importancia en las altas esferas), proclamaron a la austeridad económica como su modelo (el “apretón del cinto”) y nombraron un nuevo grupo de jerarcas que, en general, también son economistas o expertos en la materia, todo ello avalado por los mismos que dudaban de una salida sustentable con los “viejos actores”.
Varias preguntas surgen respecto a estos sucesos: ¿Cuáles son las causas que llevaron a que ellos sean los encargados de esta empresa? ¿Cómo es posible que en tiempos de crisis se recurra a figuras tan extrañas a la política cotidiana? ¿Cómo interpretar a estos “nuevos caciques”?
Con respecto a la primer cuestión, claramente la falta de resultados mejores, la ineficiencia y el decaimiento del respaldo político de los gobiernos anteriores, tanto en Italia como en Grecia, son una de las causas principales. Pero debemos ver más allá del árbol: si el mercado hace caer gobiernos, la pregunta es ¿quién controla los mercados? Y la respuesta a esta pregunta nos lleva a concluir que quienes tienen la posibilidad de incidir en él, pueden utilizar este medio para fines políticos. La presión internacional que pudimos contemplar acerca del rumbo de las economías como condición de los préstamos de rescate es un ejemplo clásico sobre dicha cuestión.
En cuanto a la segunda, parece claro que “nadie se quiere quemar” y, por lo tanto, entre los círculos políticos, vemos como pasa la “patata caliente” sin que nadie se quiera hacer cargo más que de acusar a “los culpables” de la crisis. Aunque también, desde otra perspectiva, estos “hombres de negocios” que nunca tuvieron carrera política ni dependieron del agrado de los pueblos para ocupar su lugar, son los “indicados” para el costo político-electoral que genera tener que apelar a la austeridad y a medidas “poco agradables” pero según sus voceros “necesarias para la salida”. Estos “nuevos líderes” de la política representan la cara visible de los tecnócratas, grupo que maneja gran parte de los hilos de la política en el siglo XXI. Con este circo, los que escapan a la vista son los “hombres de atrás”, verdaderos beneficiarios de los intereses defendidos por sus marionetas en el poder, quienes no juegan más que un papel utilitario: los que se ensucian las manos por un buen pago.
Por último, interpretar a estos nuevos “amigos de las naciones” no será tarea fácil y tendremos que utilizar algunos criterios rectores para ello: 1) no son hombres que pretendan quedarse: son inexplicables sin un contexto de crisis. 2) no son hombres de partido: ejecutarán sus planes de gobiernos según los intereses que crean convenientes. 3) no están preocupados por el agrado del pueblo: no llegaron a su cargo por votos sino por un acuerdo político y gobernarán solo para ejecutar el plan. 4) son protegidos de los grandes intereses internacionales por lo que contarán con su respaldo para llevar a cabo sus medidas.
Como conclusiones al respecto podemos afirmar que la política está dando un giro de ciento ochenta grados: mientras que años atrás algunos podían afirmar que ciertos actores representaban a determinados intereses por detrás y otros eran nuestros líderes políticos honestos, hoy podemos ver este espectáculo en el cual la clase política toda está en “peligro de extinción”. Ya no se apela a los grandes líderes, con masas de seguidores y movilizaciones sociales sino que son los tecnócratas quienes están tomando el timón de los asuntos de la res pública.
Los riesgos que representan tanto las causas de la caída de los gobiernos como los nuevos gobiernos mismos son catastróficos para estos tiempos en que cada vez son menos los que tienen más y más los que tienen menos: que la voz de los más necesitados se pierda entreverada en el ruido nuestro de cada día...

Destino incierto el de Europa, inquietante es el impacto que pueda llegar a tener en Uruguay, como daño colateral. Por otro lado y como bien lo subrayás al final del artículo, es a costa de quién y de qué se va a buscar el crecimiento económico tan exigido por las instituciones internacionales y por el gobierno de Alemania y Francia. El crecimiento a costa de la desregulación, de la excesiva liberalización de los mercados, de las políticas de austeridad, no hacen más que generar una mayor fragmentación social, y así una exclusión de los "indeseados".
ResponderEliminarMuy buen artículo.
un abrazo, Diego L.